Para revivir los primeros pasos del Movimiento Políticos por la Unidad en la Argentina, recogimos los testimonios de algunos de sus socios fundadores: Cecilia Dilascio, Horacio Pirotta, juan Esteban Balderrain y Nieves Tapia. Ellos nos cuentan cómo surgió en agosto de 2001 la iniciativa de fundar el MPPU en Argentina, analizan el presente y proponen un camino a seguir en el futuro.
Cecilia Blanco de Di Lascio: “Las posibilidades de la democracia en América Latina pasan por la transformación de la inequidad”

Cecilia Di Lascio, Presidenta del Movimiento Políticos por la Unidad
Cecilia Di Lascio preside el movimiento desde su nacimiento, en 2001. En una entrevista con motivo del décimo aniversario, mira hacia atrás y reconoce que a lo largo de todos estos años pudo conocer diferentes aspectos y mirar la política desde diversos lugares gracias a que pudo recorrer el país profundamente y conocer mejor a su gente. Si bien encontró “los rostros más descarnados de la pobreza y la exclusión”, que –confiesa- le siguen “doliendo en el alma”, también pudo descubrir que “la vocación política es una flor que crece aun en el desierto”. Ayudarla a crecer es, afirma, la misión del MPPU.
¿Cómo se para el MPPU, a diez años de su fundación, de cara al Bicentenario?
El Bicentenario y el camino que hemos recorrido nos dan hoy la posibilidad de, por un lado, reafirmar y reencauzar los objetivos del MPPU.
Primero, confirmar nuestra vocación Latinoamericana y reafirmar que el proceso en el que nos hemos incorporado no nos atrinchera en el Estado Nación, porque creemos en la identidad sociopolítica de los pueblos, que son los auténticos autores de la democracia. Porque la democracia como tal es una estructura procedimental de la gestión de lo público; y el corazón de la democracia es la ciudadanía con sus ideales que son el contenido real de la acción política.
Al mismo tiempo, sabemos que la fortaleza de nuestra identidad nacional es la que nos permite actuar e interactuar con el mundo.
Si el Centenario nos hizo pensar el diálogo con las naciones desde la identidad que nos daba la riqueza de nuestras tierras, hoy decimos que la riqueza de nuestras naciones es nuestra gente, es nuestra capacidad de trabajo, a la que tenemos que fortalecer. Entonces, nuestra tarea de hoy es darle a las instituciones la dinámica de una democracia participativa y romper con la involución a la cual nos somete un modelo capitalista que nos refugia en los intereses particulares.
¿Qué otro paso crees que debería dar el MPPU?
Hoy decimos que las posibilidades de la democracia en América Latina pasan por la transformación de la inequidad, a la que siempre hemos señalado como la llaga más grande del continente. Desde los inicios hemos dicho que el objetivo fundamental del MPPU es transformar la lógica del poder entendido como “acaparamiento” por la lógica del poder como “distribución”. Nosotros decimos que distribuir poder es empoderar a la ciudadanía de los recursos para su formación, de los recursos para una gestión responsable, para apropiarse de los procedimientos de la gestión y por lo tanto salir de la dádiva, del estancamiento para pasar a una actitud proactiva. Entonces, a la inequidad la transformamos desde la política cuando hacemos que ésta logre contener como objetivo del bien común no el bien de algunos sino el bien de todos.
MPPU: ¿Cuáles son las actividades que desarrolla el MPPU en pos de estos objetivos?
A partir del Encuentro Latinoamericano de Intendentes en 2005, nos hemos dirigido de un modo muy explícito al trabajo de la política territorial a nivel municipal. Entendemos que es en ese ámbito donde se pueden fortalecer las vías de diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil, el mercado y el municipio. Creemos que es necesario que estos tres actores funcionen coordinadamente; porque, aunque sus objetivos no sean los mismos, todos pueden orientar su trabajo a los intereses de la comunidad. Estas son las características que tendemos a fortalecer y que ayudan a que el diálogo político se nutra de situaciones en las cuales surjan auténticas alternativas.
Cuando nació el MPPU, en el país estaba instalada la idea de “que se vayan todos”. Pero nosotros nos preguntábamos: ¿y quién se queda? Después de dos años de trabajo interdisciplinario, en el 2003 nació la Escuela de Formación Social y Política para Jóvenes con el objetivo de crear ciudadanos con capacidad de liderazgo. En este punto es importante aclarar que no buscamos formar líderes, porque los líderes son elegidos por las comunidades. Como consideramos que el líder es quien logra interpretar las demandas sociales, nos propusimos formar personas con la sensibilidad de interpretar las demandas sociales, poder hacerlas propias y entonces ser capaces de liderar cambios sociales. Por otro lado, cuando hablamos de liderazgo social, lejos de pensar en las estructuras verticales, decimos que ese liderazgo debe ser democrático para poder generar la participación de todos. En estos siete años pudimos constatar la importancia de la escuela. De ella han salido jóvenes con un alto nivel de compromiso; que han demostrado en los diferentes espacios que hoy ocupan, ya sea en la política, en la empresa o en la función pública. Por todo esto creemos que la escuela es muy importante.
MPPU: ¿Qué desafíos tiene por delante el MPPU?
Tenemos que consolidar nuestra identidad federal, fortalecer estos espacios y esta penetración en los territorios provinciales, o podríamos decir subregionales. Al hacerlo, tenemos que buscar ser más un servicio, para ayudar a interpretar las transformaciones necesarias de cada lugar y generar políticas públicas acorde.
Otra realidad en la que hemos avanzado es en la convicción de que la política requiere una reflexión profunda de la realidad; y que esa reflexión debe estar nutrida desde el paradigma de la fraternidad. Esa es la razón de ser del estrecho vínculo con la Red Universitaria del Estudio de la Fraternidad (RUEF).
En síntesis, podemos decir que las grandes tareas del MPPU son reafirmar la identidad Latinoamericana, apuntar a la equidad como un objetivo central de muchas de sus acciones, fortalecer la democracia en el sentido del empoderamiento, avanzar en la profundización de la territorialidad entendida como un servicio y promover una profunda reflexión de la realidad desde el paradigma de la fraternidad a través de la RUEF.
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Horacio Pirotta: “En cada político la semilla de la fraternidad quiere germinar. Debemos crear las situaciones para que crezca y dé frutos”

Horacio Prirotta, Co-Presidente del Movimiento Políticos por la Unidad
Horacio Pirotta es co-presidente del MPPU, y actualmente se desempeña como Jefe de Gabinete del Municipio de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Co-fundador del movimiento, con motivo del décimo aniversario, Horacio recorre su historia.
MPPU: ¿Qué fue lo que percibieron a lo largo de 2001, que los hizo pensar en la necesidad de fundar el MPPU?
A mediados de 2001, Lía Brunet y Vittorio Sabbione, entonces dirigentes Latinoamericanos del Movimiento de los Focolares, le escribieron a Chiara Lubich contándole que ellos percibían un país sin tejido social, que preanunciaba dolores y graves inconvenientes; y le consultaron sobre la posibilidad de hacer algo. En agosto, Chiara les “respondió” enviando a Antonio María Baggio, co-presidente del Movimiento Político por la Unidad para que fundara el MPPU en la Argentina. Con Nieves Tapia, Juan Esteban Balderrain y Cecilia Di Lascio fuimos la encarnación visible de una llamada, una vocación hermosa de llevar adelante este designio.
En el lanzamiento, Baggio nos motivó a vivir la política como la definió Chiara, como “el amor de los amores”, teniendo como eje la fraternidad, que es lo que el mismo Jesús vino a anunciar, a vivir y por lo que murió. En cada corazón de cada persona hay semillas de fraternidad, en cada político esta semilla quiere germinar…debemos crear juntos las situaciones que permitan que crezca y que dé frutos.
MPPU: ¿Cuáles fueron los momentos más significativos de estos diez años?
Comenzamos siendo cuatro o cinco que nos encontrábamos semanalmente para “ver” cuál era el designio. Salíamos de estas pequeñas pero intensas reuniones a una calle muchas veces plagadas de cacerolazos, de la premisa de “que se vayan todos” y de desánimo hacia la política. En ese primer momento pensábamos desde el dolor, desde la incertidumbre y con nuestros límites. Lo más significativo de los primeros dos años fue la perseverancia; ser conscientes de nuestra pequeñez y creer más y más en el mensaje y en el llamado al bien que existe en todo político.
Creo que el mayor logro fue concretar el proyecto de la Escuela Social y Política en el tercer año. Luego, en el Encuentro Latinoamericano de Intendentes en Rosario en 2005 reafirmamos nuestra vocación para todos los países del continente con una gran convocatoria. El principal desafío a partir de entonces fue seguir la frase que la entonces presidenta del MPPU internacional Lucía Fronza dijo en una reunión en la que evaluamos el encuentro: “No hay política nueva sin hombres nuevos”. Ese día nos planteamos como agenda futura trabajar por hombres nuevos y por una humanidad nueva, que traería como consecuencia nuevos políticos y nueva política.
MPPU: A nivel personal, ¿qué te dejó esta década junto al MPPU?
En estos diez años creo que pude responder a la llamada de manera renovada gracias a la fortaleza de la unidad. En mi vida, se sucedieron muchas realidades familiares, laborales, de militancia y de accionar político como militante partidario, funcionario, colaborador en la tarea política de algunos intendentes, etc. En esa historia, asumir en muchos momentos difíciles el rol asignado desde lo visto en común como necesario, no fue siempre fácil.
Mi rol dentro del movimiento fue acompañar siempre a la presidenta. Lo hice desde la secretaría, la tesorería y últimamente desde la co-presidencia. Desde hace treinta años que vivo en 9 de julio, Pcia. de Buenos Aires, a 260 km la Oficina Federal que está en Capital. La distancia me hizo repensar mi rol, trabajar en lo concreto que esté a mi alcance y, sobre todo, anunciar y comunicar este don de la fraternidad política.
El MPPU es hoy una asociación que nos dio la oportunidad de fundar algo diferente, con algunos elementos originales e innovadores para una gestión que sigue avanzando. Ese camino lo recorrimos, y lo seguimos recorriendo, sabiendo que somos un instrumento concreto de lo que Chiara entendió como respuesta para Argentina y Latinoamérica en el desarrollo de una política diferente con hombre y mujeres comprometidos con la fraternidad.
MPPU: ¿Qué esperas a nivel personal y del movimiento de aquí en adelante?
Personalmente, lo que me motiva a seguir en este camino es una vocación que me permite vivir mejor mi cristianismo, de una manera más comprometida, aunque eso signifique muchas veces transitar un camino de incomprensiones, de desprecios y de gestos socarrones.
El hecho de invitar a tantos, de pensar qué presente tienen y tendrán tantos intendentes, tantos políticos, tantos agentes de organizaciones y tantos estudiosos me recuerda que, porque tenemos el mismo Padre, la llama de la fraternidad está en cada corazón aunque en muchos está sin estrenar. Entonces, me planteo cómo poder hacer para que se ponga en marcha, para que tiña de felicidad (no sin dolor) la gestión socio política que la mayoría abraza. Por eso, cada vez más amo y agradezco esta llamada.
A nivel del movimiento, estoy convencido de que la unidad en la diversidad es una convocatoria cada vez más actual y permanente para definir al otro como el “nosotros”, para inventar situaciones nuevas que permitan descubrir que la construcción y el desarrollo de la política necesitan de los diferentes. Tenemos que apuntar a impulsar la unidad en la diversidad asumiendo la fraternidad como categoría política.
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Juan Esteban Belderrain: “Argentina y América Latina atraviesan una relidad que pide a gritos el mensaje del MPPU”

Juan Esteban Balderrain, co-presidente del MPPU entre 2001 y 2008
Juan Esteban Belderrain fue co-presidente del MPPU desde su fundación hasta 2008, cuando se mudó a San Pablo, Brasil. Desde allí, en una conversación telefónica con el MPPU, recordó el momento fundacional y sus principales aportes a lo largo de los últimos diez años.
MPPU: ¿Cuáles fueron para vos los momentos más significativos de estos diez años?
Creo que el momento en el que nació el MPPU, en el año de la crisis, fue muy significativo. En esos días, me acuerdo que el Dr. Stefano Zamagni (reconocido economista italiano) publicó un artículo sobre las causas de la crisis argentina. El detectaba como la causa más profunda el desencuentro entre los argentinos; la imposibilidad de tener las bases de un proyecto común de país. Creo que el mensaje del MPPU en ese contexto era muy significativo porque la base era una propuesta del encuentro, del reconocimiento del otro con sus diferencias, que de por sí enriquecen la experiencia. Para mí, el diagnóstico de Zamagni era muy cierto; los argentinos habíamos hecho prevalecer los conflictos sin límites por sobre la construcción del bien común.
Entonces, la base del mensaje era que la política, como la entendemos, es una propuesta de fraternidad; especialmente fraternidad en los fines de la acción política porque la política se hace fraternamente o no se hace. Nuestra metodología era hacer prevalecer las instancias de diálogo.
MPPU: ¿Cuáles fueron para vos los momentos más significativos?
Por un lado, el Encuentro Latinoamericano de Intendentes en 2005, la reunión sobre ciudades fraternas. Lo positivo fue ver ejemplos concretos de las capacidades de la política fraterna para resolver los problemas de diferentes ciudades. Lo sorprendente fue la participación por la cantidad de ciudades que adhirieron.
Otro aporte importante fue la creación de la Escuela de Formación Social y Política para Jóvenes. Nosotros éramos conscientes de que hay ciertas inercias, prácticas institucionalizadas en la política que impiden que la fraternidad se abra paso. Por eso creímos en la necesidad de renovar la cultura política desde la base. Para eso convocamos a los jóvenes, que están iniciando su camino en la política.
MPPU: ¿En qué dirección crees que tendría que trabajar el MPPU en el futuro?
En estos años lo que he visto tanto en Argentina como en otros países de América Latina es una realidad que pide a gritos el mensaje que el MPPU pretende dar. A uno le desespera ver que, por su base estructural, el MPPU no pueda estar atendiendo a las realidades que lo llaman a gritos. Creo que es necesario convertir el mensaje en prácticas, para lo que se necesita un fuerte compromiso. En América Latina el gran problema es la desigualdad; el mensaje de la fraternidad va de lleno a buscar soluciones a la inequidad.
¿Qué generó en vos ser parte del MPPU?
Ser parte del MPPU me dio la oportunidad de desarrollar mi vocación política personal a través de esta esfera particular de la fraternidad. Yo veo esto como un regalo del cielo. Me ayudó a entender y a poner en juego la riqueza de la diversidad aún en los espacios más adversos. Me permitió valorar el conflicto, aprender a convivir con él, a superarlo de un modo fraterno. En síntesis, me enseñó a enamorarme de la diferencia y a enriquecerme de esa diversidad.
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Nieves Tapia: “La misión del MPPU es construir, reconstruir y profundizar una política fraterna al servicio del bien común”

Nieves Tapia, co-fundadora del movimiento
Nieves Tapia reconoce que para descubrir la semilla del MPPU hay que remontarse mucho más atrás de 2001, cuando los políticos del movimiento de los Focolares comenzaron a reunirse en los grupos de política del Movimiento Humanidad Nueva, rama del Movimiento de los focolares. Nieves dejó el Centro Nacional del MPPU en 2002 para dedicarse a la Educación. Sobre los primeros pasos recuerda: “Habíamos formado una red con gente del movimiento o cercana al movimiento, con personas de Buenos Aires, de Córdoba, del Norte y del Sur. Algo que nos ayudó a formar esa red fueron las escuelas sociales, promovidas por los focolares, a las que preparábamos trabajando juntos y reuniéndonos a lo largo de un año. Me acuerdo especialmente de una que fue sobre política y otra que fue sobre las relaciones entre los pueblos”.
MPPU: ¿Cuándo y cómo se dio el giro para conformar el MPPU?
En un momento de la historia de Humanidad Chiara Lubich funda el MPPU en Nápoles en 1997. Lia y Vittorio compartieron con nosotros la novedad y ese mismo año hicimos un encuentro en O´Higgins, en el que vimos el video de Chiara Lubich hablando sobre el MPPU. En ese encuentro, como lo habían hecho los políticos en Nápoles, firmamos el pacto de unidad entre nosotros delante de Lia y Vittorio. Informalmente, se puede considerar a ese encuentro como el nacimiento del MPPU.
MPPU: ¿Qué vieron en el 2001 que hizo que lo fundaran formalmente?
La crisis estalló en diciembre de 2001, pero nosotros ya sabíamos lo que estaba pasando. Desde el MPPU-Roma decidieron formalizar esta red que ya existía, aunque era diferente a la de Italia porque en la nuestra no había ningún político electo, sino que éramos funcionarios y personas que participábamos en política. Entonces, en un encuentro en O´Higgins, Lucia Fronza y Antonio María Baggio le dan formalidad a esa red y se elige a una comisión nacional.
MPPU: ¿Qué objetivo se plantearon entonces?
El desafío era reivindicar la política en un momento en el que ya estaba instalado el clima del “que se vayan todos”, aunque todavía no hubiera estallado. Entonces, nos propusimos rescatar la dimensión de la política en un momento en el que parecía que lo único válido era la economía y en el que los valores de la recuperación de la democracia estaban jaqueados.
En ese momento yo era coordinadora nacional del Programa Nacional de “Escuela y comunidad” del Ministerio de Educación de la Nación. Mi cargo hacía que estuviera muy metida en la vida política del Poder Ejecutivo nacional y al mismo tiempo yo estaba muy involucrada en el tema educativo.
MPPU: ¿Cuál considerás que es la misión del MPPU?
Creo que hay una misión que sigue siendo la de fondo del MPPU, y que tiene que ser a muy largo plazo, que es la de construir, reconstruir o profundizar una política fraterna al servicio del bien común. Es una tarea vigente y esencial.
Por otro lado, me parece que está la dimensión de la fraternidad, que nos caracteriza a quienes estamos en esta mirada. En ese sentido, creo que la misión es la de acompañarnos más allá de las diferencias entre nuestras ideas. Para eso tenemos que encontrar los mecanismos que nos permitan juntarnos más allá de los encuentros casuales.
MPPU: Como profesional de la educación, ¿qué lugar tiene para vos la Escuela de Formación Social y Política para jóvenes?
Frente al desencanto con la política del 2001, a nosotros nos pareció muy importante formar ciudadanía y las bases para que nazca una generación de políticos más orientados al bien común y por la política fraterna. Por eso todos considerábamos fundamental que hubiera una escuela de jóvenes. La formación de jóvenes es una tarea permanente. En los últimos años ha habido avances importantes en este sentido. Diez años atrás parecía haber una generación dándole la espalda a la política, no por falta de interés sino por las formas de la política. Ahora hay muchos jóvenes que hoy sí están interesados y con los que el MPPU tiene que trabajar.